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martes, 2 de agosto de 2011

MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA (II) PROGRESIVO DE LOS '70

Aunque la fiesta duró relativamente poco, los años '70, especialmente entre el '72 y el '77, resultaron para mí de una riqueza incomparable. Un poco por la edad que tenía, de apertura a descubrir, otro poco porque lo que iba descubriendo alentaba a buscar más. No recuerdo exactamente qué fue lo primero que hallé en el Progresivo y cuál fue la vía de acceso. Sí recuerdo algunas cosas: descubrir a Jethro Tull a través de un programa radial que emitía éxitos más bien comerciales y en él oir un fragmento de Thick As A Brick, por increíble que parezca; conocer a Genesis a través de un amigo de estudios que me deslizó una edición argentina de Selling England By The Pound porque en Uruguay aún no se había editado nada de ellos; exhumar de entre los discos de las bateas de las disquerías algunos hallazgos de puro buscador nomás y con una ayudita del encargado de una de ellas que cuando me veía me decía: ¿escuchaste esto? Y después de oirlo, tener que elegir uno entre cuatro para comprar y ponerme a ahorrar para volver al tiempo a buscar otro. Claro que los que no me entusiasmaban totalmente, los dejaba reservados para cuando se hicieran las liquidaciones [ahora les llaman "sales"] y ahí sí podía comprar de a tres o cuatro.



JETHRO TULL


GENESIS

Así me encontré con Pink Floyd y The Dark Side Of The Moon, con Close To The Edge de Yes o con Trilogy de Emerson, Lake & Palmer. Pero recuerdo en particular haber llegado sin inducción ninguna al Aqualung de Jethro Tull y a conocer a King Crimson. Con estos últimos lo más increíble fue que lo primero que se conoció de su discografía fueron Red y Starless & Bible Black, y luego se editaron los anteriores, incluyendo el In The Court Of The Crimson King. Y fue con King Crimson que las pequeñas explosiones que me habían provocado los otros discos se conviertieron en una explosión en cadena que no paró hasta que fui consiguiendo las discografías editadas de todos esos monstruos. porque al tomar contacto con Red, que me sacudió inexorablemente por lo increíble e inexplicable de su música, me encontré con el mismo Bill Bruford que había conocido poco antes en Yes. Y cuando al poco tiempo salió In The Court Of The Crimson King con su carga de Heavy, Acid, Prog y Psicodelia, me topo con el mismo Greg Lake que había visto antes en ELP. Aunque el pasaje de Bruford hubiera tenido lugar no con la inmediatez con que lo vi por cómo llegaron los discos a mí y aun cuando Lake había estado en King Crimson antes que en ELP, la sincronía de como fui accediendo a esos materiales no se condecía con la cronología real y, como además por ese entonces estaba casi pronto para empezar mis estudios para Profesor de Historia, se comprenderá que ese desorden cronológico me haya provocado un malestar que no cesó hasta poder reconstruir la línea cronológica real y haber comprobado todos los parentescos que las line - ups de las bandas tuvieron entre sí con los músicos que las vinculan de un modo u otro. [Algo por el estilo del ejercicio que hicimos en el post relativo a Bowie - Eno - Philip Glass][ver]



KING CRIMSON


YES


EMERSON, LAKE & PALMER



PINK FLOYD


El resultado de ello fue lo que Eco llama el proceso de fruición, ese apetito insaciable por conocer absolutamente todo lo hallable de esta gente, con la dificultad de que las ediciones venían con retraso, y uno se enteraba de las novedades a través de alguna revista especializada que se editara sobre todo en Argentina, como lo fueron Pelo o Expreso Imaginario, o si por casualidad uno andaba de viaje por Buenos Aires o alguna ciudad de Brasil [Porto Alegre, San Pablo o Río de Janeiro] y se dedicaba a buscar en las disquerías. Las ediciones en español de la Rolling Stone o similares no existían por estas latitudes y las ediciones de USA o de Europa de materiales similares o no llegaban o no eran accesibles al común de la gente, entre quienes me contaba, y cuento. Y, obviamente, no existía Internet.

Pero en esa fruición llegaron In The Wake Of Poseidon, Lizard e Islands de King Crimson, ELP, Tarkus, Pictures At An Exhibition, Brain Salad Surgery, Works, de Emerson, Lake & Palmer, Thick As A Brick, A Passion Play, Minstrell In The Gallery de Jethro Tull, The Yes Album, Fragile, Relayer, Going For The One, de Yes, Nursery Cryme, A Trick Of The Tail, de Genesis, Wish You Were Here, Animals, de Pink Floyd, entre muchos otros. Porque también llegué por las mismas vías a Rick Wakeman y sus Six Wives Of Henry VIII, cautivante y logré hacerme traer de Buenos Aires Journey To The Cetre Of The Earth y The Myths And Legends Of King Arthur And The Round Table Knights.

Ya en los mediados de los '70 empezamos a percibir cómo lo que ahora se ve mucho más integrado al gran panorama Progresivo cobraba un perfil propio: se le llamó Jazz Rock. Y fue como un aluvión. Que Billy Cobham, que George Duke, que Jean Luc Ponty [y por arrastre de estos dos se reeditó y volvió al tapete Frank Zappa], que Chick Corea y Lenny White y Stanley Clarke y Pat Metheny y Jaco Pastorius y Al di Meola, y los grupos, Mahavishnu Orchestra, Return To Forever, Passport, Weather Report y se revalorizaron los más viejos como Blood, Sweat & Tears [que anduvo por Montevideo a fines de los '70] y Chicago.

Pero todo esto resultó como un último fogonazo - al menos en Uruguay - ya que sobre los últimos años de los '70, la onda progresiva se fue apagando, como pasó en el mundo en los '80. No escapamos a lo que pasó a nivel general: el Punk, el Heavy Metal y el Reggae avanzaron avasallando al complicado progresivo, pretencioso y aburrido. También la Fiebre del Sábado por la Noche en las discotecas. Y aquí, en Uruguay, alguna ciscunstancia interna también contribuyó. El gobierno de entonces, una dictadura militar de derecha y de discurso nacionalista extremo, privilegió aquellas expresiones musicales y artísticas que se remitieran a la tradición vernácula como afirmación de su rechazo a lo foráneo y de la autosuficiencia de un país que asumía la postura de no tener que aprender nada de nadie y menos de jóvenes rebeldes y peludos que metían ruido en lugar de cultivar melodías adocenadas. El rock nacional de entonces también se deslavó y fue perdiéndose en la comercialidad o en la emigración. Las emisoras de radio cambiaron sus programaciones, las editoras de discos locales cambiaron sus catálogos y frente al cambio de oferta, la mayoría del público compró otras cosas. Pero por ese entonces también apareció otra expresión musical artística que operó de una suerte de resistencia a la dictadura. Se le llamó Canto Popular y sus vías de expresión no fueron menos localistas que las que pretendió instaurar la dictadura, aunque se abrieron también al ámbito latinoamericano. La diferencia no estribó en el tipo de música sino en los mensajes contenidos - las más de las veces con circunloquios metafóricos - y, cabe señalarlo, la calidad compositiva y de ejecución de los músicos del Canto Popular. Pero tanto por un lado como por el otro ya no hubo cabida para la música que, por extranjera, se volvía sospechosa de penetración ideológica subversiva por un lado o de penetración cultural y económica por otro.

Así sobrevino un largo eclipse y una prácticamente total ausencia de novedades en nuestro medio acerca de lo que ocurría en el mundo con la música progresiva de unos pocos años antes. Y cuando se tomó contacto con alguna de esas novedades no resultaron halagadoras. Por ejemplo, en su momento, conocer el álbum 90125 de Yes me significó una enorme decepción, como ya comenté en otro post. Tanto tecno me resultó impasable. Pero peor fue que me llevó a la convicción de que el Prog había muerto. Y así lo asumí durante varios años. Lo mismo me ocurrió con Genesis después de Wind And Wuthering y con ELP en Love Beach.

Desde los '80 al presente ha corrido mucha agua bajo los puentes y a eso nos referiremos en próximas entregas.

Hasta entonces. 

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