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viernes, 12 de agosto de 2011

MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA V: CON EL AMANECER DE UN NUEVO SIGLO

2KY

Fue una expresión muy utilizada por entonces para señalar la llegada de un nuevo siglo que era también la llegada de un nuevo milenio. Y expresaba también el temor que despertaba esa cifra redonda del 2000. Por profecías - de todos los orígenes imaginables - por supersticiones, por imaginación apocalíptica y por miedo al caos del espacio virtual informático. Según se decía, las computadoras no iban a poder acompasar sus relojes internos y sus calendarios al nuevo siglo y se iban a trancar todas las operaciones que se realizaban virtualmente. Nada de ello ocurrió, por cierto y la virtualidad superó airosa esa presunta prueba. Y reforzó la confianza que se tenía / tiene en ella.

Así que el gran campo del espacio virtual se convirtió en un terreno de exploración y de frecuentación de prácticamente todas las generaciones, y un punto de cruce, de encuentro, de distancia, de reencuentro, de caminos paralelos, convergentes, divergentes u opuestos de los cibernautas.
Y en esos vagabundeos, en esos itinerarios improvisados, en esos rastreos más programados, en esas excursiones, incursiones, expediciones, comenzaron a producirse los hallazgos.

Algunos de ellos, de una riqueza incalculable: daban información actualizada. Algunas páginas que se convirtieron en fuentes de referencia - al punto de que en muchos casos otras páginas las replican, con cita de autor o sin ella - y sirvieron como mapa para orientarse en ese mundo del ciberespacio. Los buscadores aportaron los suyo también. Así que páginas como Progarchives, o como Manticornio y otras por el estilo, los buscadores como Google y más adelante las páginas de videos on line como YouTube fueron y son de inestimable ayuda para la difusión y el conocimiento de lo que ocurre. En otras palabras, el acceso a esas informaciones se ha vuelto cada vez más irrestricto.

Y fue a través de esas páginas que pudimos tomar contacto con bandas acerca de las cuales solo sabíamos que existían pero aquí no llegaba nada. Muchas de ellas existían desde los '90 pero su difusión había sido poco más que nula por estas latitudes. Entonces se dio que se pudo comenzar a conjuntar las informaciones que uno podía obtener por muchos medios con las primeras audiciones de muchas de esas bandas que, ¡por fin!, asomaban en nuestro horizonte.

Así llegó toda una camada de bandas relativamente nuevas, por lo menos de una nueva generación progresiva, que con total justicia podemos decir que rompieron mi cabeza. Porque lograron crear una sonoridad propia sin desconocer las raíces y sin ser serviles a ellas. Pudieron ser reverentes e irreverentes al mismo tiempo con la tradición de antiguas bandas que seguían creando al lado de las nuevas. 

Sería un inventario inagotable el que resultaría de señalar tantas y cuantas bandas de altísimo nivel pudimos conocer y disfrutar a través de la ventana de Internet. Señalaremos aquellas que provocaron impresión más fuerte. Este recuento no tiene ningún orden de prioridad.

PORCUPINE TREE


Esta banda británica, liderada por Steven Wilson, llegó a mi conocimiento a través de Progarchives, ya en una época en que habían traspasado los límites de su Psicodelia inicial y ya habían incorporado elementos más metálicos, derivando en una mixtura interesantísima. El carisma de su líder, su creatividad, el nivel excepcional de los músicos, Richard Barbieri en teclados, Colin Edwin en bajo, Gavin Harrison en batería y Wilson en guitarra [y la compañía de John Wesley en guitarra para las actuaciones en vivo], son algunos de los argumentos con que uno racionaliza el impacto recibido cuando se va explorando sus discos. Creo que los conocí a través del In Absentia, pero rápidamente fui incorporando hacia atrás los discos más salientes como The Sky Moves Sideways, así como luego las nuevas apariciones: Deadwing, Fear Of A Blank Planet, o The Incident. Y también algunos vivos asombrosos, como el del Rockpalast en Koln, Alemania, 2005, o el de Atlanta, 2010. Como si fuera poco, esto despertó un interés intenso sobre los side projects de Wilson y de los otros músicos, como Blackfield, IEM, No Man, Bass Communion, etc.


SPOCK'S BEARD


A esta banda la conocí en el trance de la separación de Neal Morse para hacer su carrera solista, pero los primeros discos que oí fueron los que aún lo mantenían como tal. Lo primero que oí fue V, que me pareció excelentísimo y pronto escuché The Kindness Of Strangers, otra obra maestra. Otra vez, realicé el camino hacia atrás y hacia adelante, descubriendo, por ejemplo Beware Of Darkness [con cover de George Harrison incuído] y encontrando en el camino las novedades del Spock's Beard y el Live, hasta llegar a X. Al mismo tiempo, la fruición despertada en mí por la banda me llevó a seguir también la trayectoria solista de Neal Morse y sus otros proyectos como Transatlantic o Yellow Matter Custard, los trabajos solistas de Alan Morse o de Nick D'Virgilio o los otros proyectos de Ryo Okumoto.



THE TANGENT


Este fue otro hallazgo de excepción. Esta banda multinacional liderada por el británico Andy Tillison, que realiza un progresivo de altísimo nivel, con toques de jazz, de fusión, de sinfonismo y de hard, no ha dejado de sorprender a lo largo de los años. Tomé contacto con ella a través del Going Off On One, tanto en audio como en video. Resultó atrapante. Pero además, la presencia de varios grandes músicos en sus distintas formaciones, todos talentosísimos: Roine Stolt [de The Flower Kings], David Jackson [de Van der Graaf Generator], Jonas Reingold [de The Flower Kings], Zoltan Czorsz [de The Flower Kings], Guy Manning [solista], Samantha Baine [de Parallel or 90 Degrees], Theo Travis [solista que trabajó con muchísimos, entre ellos, Fripp], Jaime Salazar, Krister Jonsson, o Jakko Jakszyk. De más está decir que a través de ellos me interné en el conocimiento de diversas bandas como The Flower Kings, Parallel Or 90 Degrees [PO90], Manning, o las trayectorias solistas de algunos de ellos. Hace poco salió el Going Off On Two. Curiosas referencias las de Tillison: Paralela o 90 grados, la tangente, y salir por la tangente [to go off on].
Se anuncia para los días 26 y 27 de setiembre próximos la salida de un nuevo disco, COMM, en Europa y Estados Unidos respectivamente. Ya veremos.

DREAM THEATER


Con esta banda me sucedió algo especial. No soy de los más afectos al Metal Progresivo, aunque me gusta en general. Y esta banda es en parte responsable de ese gusto. Los conocí a través de mi hijo y sus amigos, cuando les tomé prestado uno de los discos de la etapa inicial. Luego, el impacto vino con Metropolis Pt. II: Scenes From A Memory, y el haber tomado contacto a través de Internet con la versión en video de la actuación en Nueva York. De ahí para adelante los vine siguiendo en todo lo posible. Pero también - como consta en este blog - pude seguir la trayectoria paralela de ese fenómeno llamado Mike Portnoy, con Transatlantic, Yellow Matter Custard, Hammer Of The Gods, etc. A propósito, ¿observaron la imagen de la camiseta de Portnoy en la foto? ¡Toda una referencia!




THE FLOWER KINGS - KARMAKANIC - AGENTS OF MERCY




THE FLOWER KINGS



KARMAKANIC
 



AGENTS OF MERCY


Tres excepcionales exponentes del Prog sueco contemporáneo, que están emparentadas entre sí, ya que las dos segundas son side projects de la primera. Volver a escuchar buenas bandas suecas me despertó el apetito por más, y ello motivó búsquedas de otros exponentes, pasados y presentes. De ello hemos dejado testimonio en este blog.


21st. CENTURY SCHIZOID BAND


Esta encarnación del primer King Crimson con músicos de aquel entonces  - excepto Jakszyk - vino a ser una excepcional novedad de este siglo XXI.  Participaron en la banda Peter Giles, Michael Giles, Mel Collins, Ian Wallace y Ian Mc Donalds. Fue una lástima que su duración fuera corta, pero aún así bien vale la pena que hayan existido. Además esto motivó que indagara acerca de los derroteros de los imponentes músicos que habían pasado por esa usina musical que fue y es King Crimson. Quizás uno de los más sorprendentes, Ian Wallace, tanto en su trayecto solista, como con el Crimson Jazz Trio, lamentablemente interrumpido con su muerte.

Sin duda que me quedan muchísimos otros por mencionar, como pueden haber sido Happy The Man, o ser Mars Hollow, Moon Safari, Anima Mundi, After Crying [como apertura al Rock de Europa Oriental que se reveló como vasto y valioso] y tantísimas bandas nuevas buenísimas. Pero creo que es una buena muestra representativa de la increíble explosión creativa que trajeron estos años.

Para terminar, una anécdota personal. Hace un par de años, una afección cardíaca me tuvo en vilo entre este mundo y el otro - si lo hay - y como sigo en este y sigo hallando muchas buenas cosas que trae la música, de antes y de hoy, y me genera expectativa de lo que va a venir mañana, no hay día que no me diga a mí mismo, cuando disfruto escuchando ese universo musical que se nos ofrece: ¡Mirá de lo que me estaría perdiendo!

Nos vemos pronto  

MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA IV: EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO

La llegada de los '90 trajo aparejada una gran novedad, como lo fueron los Discos Compactos. Conocidos desde fines de los '80, su popularización se dio durante los primeros '90 y con ello, vino la renovación de los catálogos musicales anteriores. No solo se editó música nueva, sino que se traspasó a formato digital todo lo posible del acervo musical anterior. Esto implicó la reaparición de muchos discos de los '70, la remasterización de las discografías y la llegada de lo que se había quedado atrasado cuando habían salido en vinilo muchos discos de los '80. Así que esa fue una buena oportunidad para ponerse al día con lo que uno se había perdido. Pero, como efecto colateral, también se pasó a una buena revisión a los vinilos originales y a una buena comparación con el sonido digital. No solamente a mí me pasó que, además de revisar mi vieja discoteca y de ir formando una nueva en nuevo formato, comencé a buscar más material del que no había llegado a nuestro medio. El proceso fue así: en relación a las ediciones en vinilo, hubo un momento en que se cortó la edición de muchas bandas, que ya no vendían como antes. Así que hubo que buscar en el mercado de los discos de vinilo usados para poder encontrar algo, ya que muchos no conservaron las dos discotecas sino que suplantaron una por otra. En consecuencia, el mercado de los usados se vio abastecido por mucho material y, como aquí muchos no se habían editado, aparecieron muchas ediciones en vinilo extranjeras, muchas de ellas de excelente calidad y muy buen estado de conservación. Esto sirvió para acceder a ediciones inglesas o estadounidenses y, en su defecto, argentinas y brasileñas - que no eran peores que aquellas - y para complementar con esas ediciones extranjeras los huecos de las discografías o para agregar una edición diferente a la nacional que ya se poseía. Esto especialmente tuvo que ver con las tapas, en particular en las ediciones originales.

Así que, durante los '90, además de acceder a algunas novedades, nos dedicamos a un trabajo arqueológico y a lo que algunos llaman la actividad de completionista. Vinilos y CDs compitieron rudamente por un lugar en los estantes de la discoteca. Y otros, también. Los nuevos invitados, es decir los VHS que comenzaron a democratizar la posesión de películas, documentales, conciertos, recopilaciones, etc. En verdad que todo ello ocupaba un lugar infernal, pero ¡qué satisfacción producía ver cómo se iban llenando espacios que habían esperado vacíos de puro porfiados!

Otro elemento que ayudó fue la mejora en la forma de grabar, en casetes de excelente calidad, por ejemplo en los de óxido de cromo, desde fuentes digitales que no trasmitían los ruidos de pista ni los rumbles de los motores de los tocadiscos. Poder duplicar algunos discos prestados incrementó las posibilidades de estar más al día y de ahondar más y mejor. Poco después ya se podría comenzar a registrar sobre CD desde la propia computadora - ordenador si lo prefieren algunos de los amigos españoles - lo cual derivó en una duplicación mucho más segura y duradera.
Y al lado de todo esto, modestamente pero con total seguridad comenzó a andar Internet. No quiero recordar la cantidad de tiempo que insumía descargar algo o navegar. Pero sí recuerdo muy bien con qué rapidez se fue desenvolviendo y aumentando las posibilidades de acceder más allá de las barreras que la distancia y el tiempo siempre habían interpuesto.

Curiosamente, a lo más nuevo también era difícil acceder en ese entonces, pero uno intuía que volvería el tiempo en el que las novedades estuvieran al alcance de la mano - y del oído - para volver a tomar contacto con la música que te rompería la cabeza otra vez. A medida que se terminaba el siglo, se acercaba más ese momento. 

Parecería que esa década no deparó demasiado, pero en realidad fue una época de puesta a punto, de reenganche y de retomar líneas que habían quedado truncas en algún momento. Y esa fue la actividad que rompió mi cabeza, o sea la de reconstruir, revalorizar, redescubrir y aumentar el ancho del caudal musical al cual se accedía. Aún me estaba perdiendo de mucho, pero no tardaría en llegar el momento de encontrarme también con lo que estaba surgiendo en los '90 pero aún no podía divisar dónde se hallaba.

¿Y con la música uruguaya, qué pasaba?
Para mi gusto, poco, o mejor dicho, más de lo mismo. Hagamos una excepción con Jaime Roos y con los Fattorusso, que mantuvieron más la conexión con la música que se hacía en el mundo, rompiendo el cascarón que nos encerró mucho tiempo en lo vernáculo, o en la influencia más facilista del ska, el hip hop y otras variantes que ensayaron las bandas locales más exitosas de entonces.
En el Rock, podríamos hacer excepción con bandas como Buitres.
Entretanto, además de completar el rompecabezas del Prog de los '70 en todas sus proyecciones hasta los '90, tratando de escucharlo todo aunque no me convenciera del todo o directamente hubiera cosas que no me gustaran, me volqué a recuperar otras cosas que me habían quedado en el camino, especialmente el Rock Argentino, que a mi gusto fue el que quedó casi solo aguantando la vela a nivel continental. Y allí desempolvé con fruición y me di cuenta de lo mal que los había escuchado antes, muy especialmente a esa etapa del Rock Argentino más fermental donde sobresale eminentemente Serú Girán. Pero también incursioné a seguir lo de Charly solo, lo de Fito Páez, y con ellos, León Gieco, Litto Nebbia, Spinetta, Calamaro y tantos más. Allí fui de atrás para adelante y de adelante para atrás, descubriendo lo nuevo y sorprendiéndome con lo viejo - y reprendiéndome por haberlo dejado pasar en su momento -.





SERU GIRAN



CHARLY GARCÍA



FITO PÁEZ



LEÓN GIECO



LUIS ALBERTO SPINETTA



LITTO NEBBIA




ANDRÉS CALAMARO
 

Así que me iba aprontando para algo que intuía y esperaba, que presentía y notaba su aproximación. Y supe que vendría a través del espacio virtual.

Lo mejor estaba aún por venir.

Hasta la próxima
 

lunes, 8 de agosto de 2011

MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA III: LA LARGA NOCHE DE LOS '80

Es bastante penoso pensar en los '80. Para mí fue una época en la que poco y nada pude encontrar de nuevo y que verdaderamente me motivara como algo removedor. Fue complicado ver - y oir - la decadencia del Prog que me había sostenido en los '70. El Yes tecno no me satisfizo entonces - y la prueba es que solo sacan dos discos: 90125 y Big Generator. Oí Drama con pena, como el cierre de una época - o más bien como una huída - al no estar ni Anderson ni Wakeman. A tal punto rechacé ese Yes que ¡no fui a verlos a Punta del Este en su única presentación en Uruguay en 1985! Nunca más volvieron y me reprocho no haber ido aunque no me resultara Yes.

Algo parecido me pasó con Jethro Tull y lo poco que pude escuchar de ellos. También con ELP. Con King Crimson y Pink Floyd la debacle no fue tan marcada pero tampoco se podía oir demasiado. En realidad, era bien poco lo que llegaba a Uruguay por ese entonces de música progresiva. Lo poco que pude encontrar fue a partir de algunos viajes a Brasil o Argentina, donde el flujo no se había cortado. Pero eso no significó que encontrara esa música que te abre la cabeza. El bajón progresivo de los '80 fue muy severo y no solo una cuestión de percepción de los seguidores. Exigió un acostumbramiento muy difícil de lograr, sobre todo porque implicaba hacer concesiones a la comercialidad de la música y - en aquel entonces confundíamos las cuestiones de principios con la rigidez - parecía inaceptable bajar el listón de la exigencia.
Visto con la perspectiva de los años aquello no fue tan terrible, pero sirvió como para poder explorar otras áreas musicales y amplificar el radio de acción. Y sobre todo sirvió para dejar descansar un poco la sensibilidad progresiva para que se pusiera en forma. Al fin y al cabo nunca perdimos la esperanza del retorno del Prog. Una primera vía de salida fue el Jazz Rock que ya veníamos escuchando. Sabido es que el ámbito del Jazz se mantiene contra cualquier crisis y que el oyente de Jazz es perseverante y constante. Otra vía, emparentada con el Jazz Fusión, fue precisamente la música que fusionaba tradiciones con innovación. Allí incursionamos con Vangelis - asociado a Jon Anderson o solo -, conocimos a Kitaro, a Jean Michel Jarre, o a Enya. Todo esto nos dejó una impresión de apertura hacia novedades, pero a fuerza de ser honesto, no nos rompió la cabeza, apenas nos introdujo en ella sonoridades nuevas, muy interesantes y agradables, pero no esa experiencia que sacude todo. 






Un poco mejor resultó la experiencia con la World Music de Peter Gabriel, al que, sin embargo, añorábamos en Genesis que había sufrido una mutación inexplicable - e inaceptable - para nosotros. Pero digamos que fue un punto fuerte.



Y dentro de lo más nuevo de los '80, algo de The Police y Sting [aunque ya eran pertenencia de una generación más joven que la nuestra] y sí, desde el Rattle & Hum, comencé a ver con reverencia y respeto a U2, aunque no me convertí en seguidor acérrimo.




De todos modos, el receso prog tuvo algunos aspectos positivos: uno de ellos fue la vuelta a la música clásica, a re oirla y re interpretarla. Aclaro: escuché música clásica desde muy chico, ya que en mi casa se oía toda la música clásica posible, de modo que no me resultaba en absoluto extraña. Al contrario, en los '80 pude ponerme más tranquilamente a cotejar la música clásica y el comentario que le hacía el Prog Rock. El resultado fue que ambos salieron más fortalecidos de esa experiencia.

Y como si tomara vitaminas o si adquiriera anticuerpos o si generara inmunidad mediante una vacuna, también afirmé todas esas experiencias sobre la base que nunca dejé de lado: los genios de Liverpool, The Fab Four, esos Beatles que impidieron el naufragio a causa del asedio de las formas adocenadas de la música, ya fuera a través de las radios que pasaban música que para hacerse popular se mostraba burda y elemental, ya fuera a través de la impostura ideológica, ya fuera a través de un pop esclerosado y decadente y un largo etcétera.
Y en relación a la tríada que destronó al Prog, esto es el Punk, el Heavy Metal y el Reggae, confieso que los miré de lejos y con bastante poco interés. De los tres, solo me acercaría luego hacia el Heavy Metal pero a sus expresiones menos industrializadas y más creativas. El Reggae lo escucho cuando cuadra pero no lo sigo [mis disculpas a mi gran amigo el Negro Gaynicotche y su programa Roberto Vive] Y con el Punk me pasa algo similar aunque algunas cosas las he revalorizado compartiendo oídas con mi hijo - especialmente cuando atravesó su etapa anarko punk [adapto la grafía a ellos].

De resultas de todo esto considero los '80 como años de cuarentena, que no rompieron mi cabeza, pero que hicieron germinar otras semillas que estarían prontas para el comienzo de la primavera de los '90.
Nos encontramos en la próxima entrega: el renacimiento prog.

Hasta pronto

martes, 2 de agosto de 2011

MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA (II) PROGRESIVO DE LOS '70

Aunque la fiesta duró relativamente poco, los años '70, especialmente entre el '72 y el '77, resultaron para mí de una riqueza incomparable. Un poco por la edad que tenía, de apertura a descubrir, otro poco porque lo que iba descubriendo alentaba a buscar más. No recuerdo exactamente qué fue lo primero que hallé en el Progresivo y cuál fue la vía de acceso. Sí recuerdo algunas cosas: descubrir a Jethro Tull a través de un programa radial que emitía éxitos más bien comerciales y en él oir un fragmento de Thick As A Brick, por increíble que parezca; conocer a Genesis a través de un amigo de estudios que me deslizó una edición argentina de Selling England By The Pound porque en Uruguay aún no se había editado nada de ellos; exhumar de entre los discos de las bateas de las disquerías algunos hallazgos de puro buscador nomás y con una ayudita del encargado de una de ellas que cuando me veía me decía: ¿escuchaste esto? Y después de oirlo, tener que elegir uno entre cuatro para comprar y ponerme a ahorrar para volver al tiempo a buscar otro. Claro que los que no me entusiasmaban totalmente, los dejaba reservados para cuando se hicieran las liquidaciones [ahora les llaman "sales"] y ahí sí podía comprar de a tres o cuatro.



JETHRO TULL


GENESIS

Así me encontré con Pink Floyd y The Dark Side Of The Moon, con Close To The Edge de Yes o con Trilogy de Emerson, Lake & Palmer. Pero recuerdo en particular haber llegado sin inducción ninguna al Aqualung de Jethro Tull y a conocer a King Crimson. Con estos últimos lo más increíble fue que lo primero que se conoció de su discografía fueron Red y Starless & Bible Black, y luego se editaron los anteriores, incluyendo el In The Court Of The Crimson King. Y fue con King Crimson que las pequeñas explosiones que me habían provocado los otros discos se conviertieron en una explosión en cadena que no paró hasta que fui consiguiendo las discografías editadas de todos esos monstruos. porque al tomar contacto con Red, que me sacudió inexorablemente por lo increíble e inexplicable de su música, me encontré con el mismo Bill Bruford que había conocido poco antes en Yes. Y cuando al poco tiempo salió In The Court Of The Crimson King con su carga de Heavy, Acid, Prog y Psicodelia, me topo con el mismo Greg Lake que había visto antes en ELP. Aunque el pasaje de Bruford hubiera tenido lugar no con la inmediatez con que lo vi por cómo llegaron los discos a mí y aun cuando Lake había estado en King Crimson antes que en ELP, la sincronía de como fui accediendo a esos materiales no se condecía con la cronología real y, como además por ese entonces estaba casi pronto para empezar mis estudios para Profesor de Historia, se comprenderá que ese desorden cronológico me haya provocado un malestar que no cesó hasta poder reconstruir la línea cronológica real y haber comprobado todos los parentescos que las line - ups de las bandas tuvieron entre sí con los músicos que las vinculan de un modo u otro. [Algo por el estilo del ejercicio que hicimos en el post relativo a Bowie - Eno - Philip Glass][ver]



KING CRIMSON


YES


EMERSON, LAKE & PALMER



PINK FLOYD


El resultado de ello fue lo que Eco llama el proceso de fruición, ese apetito insaciable por conocer absolutamente todo lo hallable de esta gente, con la dificultad de que las ediciones venían con retraso, y uno se enteraba de las novedades a través de alguna revista especializada que se editara sobre todo en Argentina, como lo fueron Pelo o Expreso Imaginario, o si por casualidad uno andaba de viaje por Buenos Aires o alguna ciudad de Brasil [Porto Alegre, San Pablo o Río de Janeiro] y se dedicaba a buscar en las disquerías. Las ediciones en español de la Rolling Stone o similares no existían por estas latitudes y las ediciones de USA o de Europa de materiales similares o no llegaban o no eran accesibles al común de la gente, entre quienes me contaba, y cuento. Y, obviamente, no existía Internet.

Pero en esa fruición llegaron In The Wake Of Poseidon, Lizard e Islands de King Crimson, ELP, Tarkus, Pictures At An Exhibition, Brain Salad Surgery, Works, de Emerson, Lake & Palmer, Thick As A Brick, A Passion Play, Minstrell In The Gallery de Jethro Tull, The Yes Album, Fragile, Relayer, Going For The One, de Yes, Nursery Cryme, A Trick Of The Tail, de Genesis, Wish You Were Here, Animals, de Pink Floyd, entre muchos otros. Porque también llegué por las mismas vías a Rick Wakeman y sus Six Wives Of Henry VIII, cautivante y logré hacerme traer de Buenos Aires Journey To The Cetre Of The Earth y The Myths And Legends Of King Arthur And The Round Table Knights.

Ya en los mediados de los '70 empezamos a percibir cómo lo que ahora se ve mucho más integrado al gran panorama Progresivo cobraba un perfil propio: se le llamó Jazz Rock. Y fue como un aluvión. Que Billy Cobham, que George Duke, que Jean Luc Ponty [y por arrastre de estos dos se reeditó y volvió al tapete Frank Zappa], que Chick Corea y Lenny White y Stanley Clarke y Pat Metheny y Jaco Pastorius y Al di Meola, y los grupos, Mahavishnu Orchestra, Return To Forever, Passport, Weather Report y se revalorizaron los más viejos como Blood, Sweat & Tears [que anduvo por Montevideo a fines de los '70] y Chicago.

Pero todo esto resultó como un último fogonazo - al menos en Uruguay - ya que sobre los últimos años de los '70, la onda progresiva se fue apagando, como pasó en el mundo en los '80. No escapamos a lo que pasó a nivel general: el Punk, el Heavy Metal y el Reggae avanzaron avasallando al complicado progresivo, pretencioso y aburrido. También la Fiebre del Sábado por la Noche en las discotecas. Y aquí, en Uruguay, alguna ciscunstancia interna también contribuyó. El gobierno de entonces, una dictadura militar de derecha y de discurso nacionalista extremo, privilegió aquellas expresiones musicales y artísticas que se remitieran a la tradición vernácula como afirmación de su rechazo a lo foráneo y de la autosuficiencia de un país que asumía la postura de no tener que aprender nada de nadie y menos de jóvenes rebeldes y peludos que metían ruido en lugar de cultivar melodías adocenadas. El rock nacional de entonces también se deslavó y fue perdiéndose en la comercialidad o en la emigración. Las emisoras de radio cambiaron sus programaciones, las editoras de discos locales cambiaron sus catálogos y frente al cambio de oferta, la mayoría del público compró otras cosas. Pero por ese entonces también apareció otra expresión musical artística que operó de una suerte de resistencia a la dictadura. Se le llamó Canto Popular y sus vías de expresión no fueron menos localistas que las que pretendió instaurar la dictadura, aunque se abrieron también al ámbito latinoamericano. La diferencia no estribó en el tipo de música sino en los mensajes contenidos - las más de las veces con circunloquios metafóricos - y, cabe señalarlo, la calidad compositiva y de ejecución de los músicos del Canto Popular. Pero tanto por un lado como por el otro ya no hubo cabida para la música que, por extranjera, se volvía sospechosa de penetración ideológica subversiva por un lado o de penetración cultural y económica por otro.

Así sobrevino un largo eclipse y una prácticamente total ausencia de novedades en nuestro medio acerca de lo que ocurría en el mundo con la música progresiva de unos pocos años antes. Y cuando se tomó contacto con alguna de esas novedades no resultaron halagadoras. Por ejemplo, en su momento, conocer el álbum 90125 de Yes me significó una enorme decepción, como ya comenté en otro post. Tanto tecno me resultó impasable. Pero peor fue que me llevó a la convicción de que el Prog había muerto. Y así lo asumí durante varios años. Lo mismo me ocurrió con Genesis después de Wind And Wuthering y con ELP en Love Beach.

Desde los '80 al presente ha corrido mucha agua bajo los puentes y a eso nos referiremos en próximas entregas.

Hasta entonces. 

viernes, 29 de julio de 2011

ALGUIEN LO SUGIRIÓ: MÚSICA QUE ROMPIÓ MI CABEZA

Gracias al aporte del amigo Zadi, de Cualquier Cosa Menos Sordo se nos ocurrió retomar su idea de postear acerca de la música que nos cambió. Esa música que te encontró en un recodo, sin aviso, sin promoción y que te hizo sentir que la descubriste. Esa música que activó tu sensibilidad y no pudiste parar de oirla hasta haber penetrado lo más profundo de ella. Esa música que te dejó convencido de que, no solo tu cabeza, sino todo vos ya no fuiste el mismo después de conocerla. Seguramente para cada quien esto es diferente, pero lo que sin duda es igual es que hay alguna música que alguna vez te "rompió la cabeza".

Lo que es seguro también es que esto se da en etapas y que se va superponiendo como capas en la piel. Lo bueno también está en que lo que ya tenés incorporado te ayuda a captar lo nuevo y lo nuevo te ayuda a reactivar lo que traías, en una interacción rejuvenecedora y enriquecedora. Después que vengan con que el arte es algo superfluo y accesorio ... El arte - y la música es parte del arte - logra modificar nuestra percepción del mundo y no solo ello, sino también nuestra concepción del mismo. Si eso no es sustancial, ¿qué lo es?

Para nuestra generación la construcción de la cultura se realizó a través de muchas cosas, una de ellas es la música y muy especialmente el Rock, en todas sus variantes. La nuestra es una cultura Rock, genuina, profunda, ya arraigada definitivamente. Fue uno de esos fenómenos artísticos que cambió el mundo. No el show - bussines del Rock comercializado, sino ese que golpeó la conciencia joven - a su tiempo - pero que se prolongó y metamorfoseó a lo largo de las generaciones, uniéndolas. Hoy a los festivales de Rock van los padres con sus hijos y los nietos con los abuelos. Hoy hacen Rock los hijos de los roqueros y los roqueros hacen ya una música universal. Y que tampoco me vengan a hablar de la penetración industrial - comercial de los imperios económicos, porque está lleno de fenómenos comerciales de ínfima calidad artística producidos por muchas culturas vernáculas que no tienen explicación más que en el consumo pasatista. En cambio, del Rock han surgido muchísimas, tantísimas expresiones de autenticidad artística, algunas menos logradas que otras, pero que sí ocupan un principalísimo lugar desde el punto de vista de la creación artística.

Todo esto para llegar a otra consideración: cuando decimos la música que rompió mi cabeza, no solo queremos decir aquella que me gustó, sino aquella que me despejó un panorama desconocido, aquella que me internó en territorios inciertos, la que despertó sensaciones no experimentadas, la que invitó a caminos de los cuales no hay marcha atrás porque te dejan huellas indelebles.

Lo que yo puedo dejar aquí es lo que ha sido [y sigue siendo] mi experiencia, similar a la de muchos quizás, diferente a la de muchos otros, sin duda. Pero es la única que puedo transferir con propiedad y acaso, compartir con la de los demás.

Pues sí, aquí va:

La primera música que rompió mi cabeza fue, ¿qué duda cabe?, la de The Beatles. Tengan en cuenta la generación a que pertenezco, los que hoy andamos en la cincuentena, y comprenderán que no pudo ser de otro modo. Sin embargo, a mí me agarró muy joven, tendría unos 8 años, pero tenía a mi alrededor a otros un poco más grandes, lo que me facilitó el acceso. Pero lo más notable de todo - y que aún hoy agradezco - es que fue mi padre quien introdujo silenciosamente en mi casa el primer LP de The Beatles que conocí, la banda sonora de A Hard Day's Night, o sea la versión USA del disco, que fue la que se editó en Uruguay en vinilo. Uno ya había escuchado a los cultores rioplatenses, sobre todo del twist y algo del Rock, pero tomar contacto con The Beatles fue experiencia suprema, sobre todo cuando estando reunidos en mi casa con hermanos y vecinos, comenzó a sonar A Hard Day's Night repentinamente y nosotros reaccionamos como con resortes. Allí se abrió un grifo que nunca más cerraría. 


EDICIÓN URUGUAYA DE A HARD DAY'S NIGHT 
CON SU PECULIAR CARÁTULA EN FUNDA PLÁSTICA


Lo más interesante es que poco tiempo después The Beatles volverían a abrirme la cabeza a través de mis oídos, sobre todo luego de tomar contacto con el Sgt. Pepper y lamentablemente de modo tardío con el White Album, que en Uruguay se conoció recién en 1969.

Pero reconozco que la huella beatle ha quedado totalmente impregnada y ha condicionado lo que vendría después.

Las otras experiencias que generaron transformaciones vinieron también con cierto retraso dado que al Río de la Plata las novedades llegaban lentamente. Se dependía de las editoras locales que compraban la representación de los sellos discográficos y recién entonces se podía acceder a la discografía de bandas que fuimos descubriendo de a poco y sin orden preciso.

Tras The Beatles, vino el Rock pesado, como le decíamos. Recuerdo un Profesor de Educación Musical en la época del secundario que nos permitía oir durante los recreos fragmentos de nuestros discos. No era un Profesor joven, sino todo lo contrario, un señor ya mayor que, contra todos los preconceptos, nos intentaba atraer a la música partiendo de nuestros gustos. Y allí entramos a otro mundo, otra línea. Allí sentí esa sensación de "esto es algo completamente nuevo y desconocido". Allí estaba Led Zeppelin, sobre todo con Heartbreaker y Whole Lotta Love y todo ese álbum impresionante que es el Led Zeppelin II. Para mí fue un sonido que nunca había imaginado. Y poco después apareció por allí mismo Deep Purple. Por ese entonces hacíamos una fuerte circulación de discos entre los amigos, pero en sentido material. Apenas si había alguno que disponía de un grabador de casetes que todavía eran rarísimos. De manera que era muy frecuente que saliéramos a la calle con unos seis u ocho discos bajo el brazo, algunos para devolverlos a sus dueños, otros para prestarlos y volver luego a casa con un nuevo cargamento de discos obtenidos entre los amigos para ver si aparecía algún otro que te "rompiera la cabeza".





Todavía estamos a principios de los '70. La próxima entrega será sobre la irrupción del Progresivo, uno de los descubrimientos más determinantes.

Hasta entonces. 

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