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lunes, 21 de abril de 2014

PAUL McCARTNEY EN MONTEVIDEO: ESTADIO CENTENARIO, 19 DE ABRIL DE 2014. EL CONCIERTO SUPREMO.

Recién estoy llegando del Estadio Centenario y tengo la emoción a flor de piel. McCartney se supera a sí mismo, es un hecho. Este concierto del Out There! Tour 2014 resultó ser igual y mejor que el de 2012 en el marco del On The Run Tour. Y es opinión generalizada entre todos los que me rodaeban en el Estadio y de otros con los que fui hablando al cruzarme con ellos a la salida.




Igual: la rigurosidad de McCartney, su profesionalismo, el nivel de calidad musical y técnica, la seriedad del producto entregado al público, la creatividad y mucho más.

Mejor: un setlist más arriesgado en algunos aspectos, la impresionante ejecución de los temas nuevos, los nuevos recursos técnicos y la inventiva de la puesta en escena, la fluida corriente de comunicación entre el público y el músico [al fin y al cabo ya es de la casa, es la segunda vez que viene, así somos de hospitalarios], el producto final mejorado respecto al anterior, que no por ello deja de ser excelente, pero McCartney se las ingenia para elevar más y más el concepto de excelencia, y mucho más también.


Un McCartney más suelto se brindó por entero y no se guardó nada.

No sé en qué momento voy a publicar este post, que me va a llevar algo de tiempo, aunque el comentario crítico quede para un post posterior, pero quería dejar ya escritas estas líneas a las 2:51 de la madrugada del domingo 20 de abril, a casi nada de haber terminado el show de este extraordinario artista que hizo delirar nuevamente a más de 50.000 espectadores que volvimos a colmar el Estadio Centenario [o Coloso de Cemento, como les gusta decir a los relatores de fútbol].
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Continúo casi 24 horas después. A pesar de no ser religioso, el domingo de Pascua suele congregar a las familias y hay compromisos que cumplir. Pero fue una buena oportunidad para compartir con dos sobrinos que también vivieron el concierto [ellos viendo a McCartney por primera vez] y coincidiendo sobre el sacudón emocional espectacular que significó su actuación.

Las anécdotas rondaron todos los aspectos del show: que el sonido, que los efectos visuales, que el escenario de leds con su tramo elevable. También la interacción con el público, la satisfacción dada a un fan que le pedía a gritos que tocaran One After 909, tras lo cual McCartney jocoso le decía: Are you contento? It's for you, man. También la infaltable alusión a Luis Suárez, señalando como paradoja que él, McCartney, un scouser, estuviera en Uruguay y Luis Suárez, un uruguayo, estuviera en Liverpool. Se comentó también el ritual de las firmas y el de las banderas y gestos, palabras, reacciones en el escenario y entre el público.

Lo que es claro es que la gente salió feliz de haberse reencontrado con una figura que ha anidado definitivamente en el corazón de los uruguayos. Y todos con el convencimiento de que este show cumplió con la promesa de sorprender y dar más a un público que demostró nuevamente su fidelidad. Nuevamente más de 50.000 personas cuyas edades iban de los 6 o 7 años a los 60 o 70 y tantos, dimos el marco perfectamente adecuado a la relevancia del evento. Y una vez más se sintió el efecto de que no importó la diferencia generacional, como tampoco cualquiera de las otras diferencias que en otras ocasiones pueden llegar a dividirnos amargamente. Una tregua tácita se impuso durante casi tres horas de comunión espiritual alrededor de mensajes que pueden ser simples y para el agite, como All Together Now u Ob-La-Di Ob-La-Da o que pueden ser mucho más profundos como Let It Be, Blackbird o Hey Jude; que pueden afectar al corazón como The Long And Winding Road, Yesterday, Something o Here Today o que pueden dirigirse a las entrañas, como Maybe I'm Amazed, Let Me Roll It o el medley final de Abbey Road; que pueden llevar a planos de intrincada fantasía, como Being For The benefit Of Mr. Kite, Live And Let Die, Helter Skelter o Lovely Rita o ir a cosas más cotidianas y recuerdos como New, Queenie Eye, Lady Madonna o Eleanor Rigby, por mencionar algunos de la treintena de temas que compusieron el setlist.


Efectos visuales, perfección sonora para que el contenido musical llegara plenamente a los más de 50.000 espectadores.

Tampoco han faltado las menciones a los homenajes que fue brindando a lo largo del show, a Jimi Hendrix con Foxy Lady como coda de Let Me Roll It, con Here Today dedicada a John Lennon [de hecho la canción que escribió por la muerte de su amigo], a Linda com Maybe I'm Amazed, a Nancy, su actual esposa, con My Valentine y con New, a las mujeres en general con Lady Madonna, a George Harrison, tocando la inmortal Something o nuevamente a John, tocando su canción For The Benefit Of Mr. Kite.

Todo esto en un deslumbrante, sorpresivo y magnífico escenario como nunca antes se vio por estos lares. 70 metros de ancho por 22 metros de altura, dotado de 650 metros cuadrados de pantallas led, 400 luces y 150 parlantes, para que la visión y la audición resultaran adecuadas desde cualquier punto del Estadio.


Un escenario visible desde cualquier distancia tanto en los efectos más vistosos como en los momentos más intimistas.

Ya terminado el espectáculo, una visión más iluminada del gigantesco escenario.

Decir que estamos satisfechos y bien cumplidos con este tremendo show es decir poco. Porque a la vez de esa satisfacción, queda la sensación de que el disfrute perdura pero también comienza la espera para saber si cumplirá con su anuncio de vernos la próxima y si realizará otro retorno a Montevideo en un futuro relativamente cercano. Eso nunca se sabe, pero lo que sí es seguro es que Montevideo ha dado ya dos muestras más que rotundas de su adhesión y fidelidad a McCartney con dos llenos absolutos de uno de los espacios públicos de mayor capacidad adecuado a las exigencias de la producción del espectáculo.

Así que, ya atesorada la experiencia de anoche, aguardaremos con paciencia la posibilidad de que vuelva otra vez.


Visión parcial de una de las tribunas repletas de público. El Estadio con las instalaciones habilitadas colmadas.

Una eficiente organización permitió que las 50.000 personas pudieran entrar fluidamente y, sobre todo, salir sin tropiezos ni atolladeros.

En un próximo post haremos la valoración crítica de todo el show, analizando su setlist que, dicho sea de paso, y excepción hecha del fuera de programa hecho para complacer al fan vociferante, se atuvo a pies juntillas a los últimos realizados en 2013 en Japón.

Hasta entonces




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